y un ligero y creciente vuelo circular
una pendiente de voces ajenas a la imagen
cajoncitos apilados de Singer y una manga de planchar
Era una nube blanca de lluvia gorda para la hierba
y para los seres que me hablaban solamente a mí
un disco que bailar y un avión de chapa en cada mano
sandalias rojas de pulsera con las que eludí todo un jardín
Era una casa larga de malvones para crecer con tallo fuerte
sostenía en brotes de miocardio una voluntariosa presencia
sobre el vidrio los visillos cubren la mesa de trabajo, jaboncillos
afilador de tiza, tijeras, maniquí y un sastre
cortando un azul
sedoso de ultramar.